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NOVEDADES

¿Es Jeta Castagnola la reencarnación del tío Adolfito?

Por Claudio Cerviño

Hace dos años, cuando sus hijos revolucionaron el Abierto de Palermo y llenaban la cancha 2 en el primer turno de cada jornada de la Zona B, Lolo Castagnola, siete veces campeón del certamen, no perdía la compostura ni siquiera en lo que, para muchos, era una comparación temeraria. «¡Ni loco lo comparo con Adolfito, lejos de eso! Sólo te digo una cosa. Durante veinte años lo veía desde atrás, por mi puesto de back, y Jeta tiene cosas de las que hacía Cambiaso, me trae a la cabeza su imagen. Pero te repito: no lo estoy comparando. ¿Me entendés, papá?».

Camilo tenía 16 años. Pocos lo conocían, aunque sí habían escuchado hablar de «los chicos Castagnola» y en particular, del más joven. Jeta y Barto construyen su carrera, hoy con 18 y 20, respectivamente. Son una magnífica conjunción, como lo fueron otros hermanos que marcaron la historia del polo. Son diferentes, claro. Por sus roles en la cancha, por sus características. Y empiezan a disfrutar de los frutos del crecimiento. En el acopio de enseñanzas, en el fortalecimiento de la organización, en aprender de los errores. Hasta se dieron el gusto, hace unas semanas, de ganar su primer título de Triple Corona en el Abierto de Hurlingham. Donde Jeta «la rompió» en el debut frente a La Ensenada, fue importante en la semifinal contra La Dolfina (y el tío Cambiaso) y determinante en la final frente a RS Murus Sanctus, a pesar de tener una mano fisurada.

Ahora bien, ¿es la reencarnación de Cambiaso, la prolongación del crack? Contenido familiarmente, habitualmente sereno y todavía poco efusivo dentro de la cancha, Jeta inició su recorrido casi como el tío, que sorprendió (y maravilló) a todos a los 17, cuando Gonzalo Pieres lo invitó a formar parte del novel proyecto llamado Ellerstina. Era 1992. Adolfito ganó en Tortugas, debutó con récord en Palermo (16 goles en un partido) y llegó a la final. Nada de eso aconteció con Jeta, aunque sí llamaron la atención su desparpajo, la inventiva, la capacidad para dejar en ridículo a rivales experimentados. Se notó de entrada: era especial. Como lo fueron Benjamín Araya, Bautista Heguy y Facundo Pieres.

Como se puede apreciar, alcanzan los dedos de una mano para identificar a «los elegidos» en los últimos 40 años, incluyendo en esa nómina a Adolfito y a Camilo. Que puede tomarse de la experiencia del tío para saber cómo serán los próximos pasos. «De aquella primera final en Palermo sólo me acuerdo de que ni me di cuenta que la jugué. Estaba pendiente del clima, de lo que pasaba en la tribuna. Pasó el partido sin que me diera cuenta de que estaba jugando la final de Palermo», rememora cada tanto Cambiaso sobre aquel partido frente a Indios Chapaleufú, el de los cuatro hermanos Heguy que, encima, contaba con lo mejor de su organización.

Y puede estar tranquilo Jeta si la proyección, dentro de un tiempo prudencial, le termina marcando que era atinado colocarle el cartel de “nuevo Cambiaso”: tras aquel arranque demoledor, Adolfito transitó por diferentes etapas, con altos y bajos. Se fue consolidando como crack, claro, pero no todo resultaron sonrisas en el camino. Hasta que a partir de 2005, es decir 13 años después de aquel debut, despegó definitivamente al altar que lo posiciona como uno de los dos mejores de todos los tiempos junto a Juancarlitos Harriott.

Quizá hasta jueguen juntos en 2022. Se verá qué decisión toman a fin de año. Lo que no evitará el lógico recambio una vez que Cambiaso, de 46 años, diga adiós. La hora del Jeta empieza a desplegarse y no podrá evitar la comparación de récords, de títulos, de virtudes, de defectos, porque está en la naturaleza del ser humano (sobre todo si es argentino) establecer paralelos casi como un juego. Pero en todo caso, su prioridad será entender, procesar y sentir que no tiene porqué igualar o superar a alguien. Que basta con mostrarse genuino, dentro y fuera de la cancha, ir detrás de sus objetivos deportivos y profesionales y, sobre todo, seguir divirtiéndose con lo que hace. Será la mayor garantía de que los de afuera continuarán disfrutando como lo hacen ahora.

Fotos: Sergio Llamera

Nota publicada en la revista POLO Mundial 121

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